Siguiendo el hilo de la publicación anterior, hoy continuamos profundizando en cómo la alimentación afecta a nuestros sentidos. Más concretamente, en este artículo, vamos a hablar sobre aquellos que no benefician ni a nuestra visión ni a nuestra audición y capacidades cognitivas.
La frase “somos lo que comemos” va mucho más allá del peso o la apariencia física. Como venimos diciendo, nuestra dieta también tiene un impacto profundo en la salud de nuestros sentidos y funciones cognitivas. Algunos alimentos, sobre todo aquellos ricos en azúcares, grasas saturadas o aditivos, pueden acelerar el deterioro de la vista, afectar la audición y entorpecer la claridad mental. Aquí te contamos cómo.
La salud ocular está estrechamente ligada a lo que comemos. Una dieta alta en azúcares refinados y carbohidratos simples (como pan blanco, pasteles o refrescos) puede aumentar el riesgo de desarrollar degeneración macular relacionada con la edad (DMAE), una de las principales causas de pérdida de visión en adultos mayores.
Además, el exceso de grasas trans y saturadas (presentes en comidas rápidas, snacks procesados o margarinas) puede dificultar la circulación sanguínea en los ojos, impidiendo que estos reciban los nutrientes que necesitan.
Por ello, diversos estudios recomiendan evitar: refrescos y jugos azucarados, alimentos fritos y procesados, panes y pastas de harinas blancas.
Por otro lado, aunque no es tan conocida, existe una relación entre la dieta y la salud auditiva. Una alimentación rica en sal puede elevar la presión arterial y dañar los vasos sanguíneos del oído interno, provocando problemas como el tinnitus (zumbido) o pérdida auditiva progresiva.
Asimismo, las dietas altas en azúcar y carbohidratos simples pueden contribuir a problemas metabólicos como la diabetes, que a su vez puede dañar los nervios auditivos.
Así pues, ¿qué alimentos debemos limitar?
- Embutidos, quesos curados y sopas enlatadas (ricos en sodio)
- Dulces, bollería y cereales azucarados
- Alcohol en exceso
La mente también sufre: alimentación y cognición
Por otro lado, como ya venimos diciendo el cerebro también necesita una alimentación rica y equilibrada para funcionar bien. Dietas pobres en nutrientes esenciales, pero altas en grasas saturadas, azúcares y alimentos ultraprocesados, se han relacionado con una menor capacidad de concentración, pérdida de memoria e incluso mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzhéimer.
El consumo frecuente de alimentos ultraprocesados (galletas, snacks, comidas congeladas), bebidas energéticas y azucaradas, grasas trans y aceites hidrogenados puede generar inflamación en el cerebro, alterando funciones cognitivas clave.
Llegados a este punto es lógico que te preguntes qué comer para para proteger nuestros sentidos y mente. Lo ideal, según la Dra. Rebecca J. Taylor, oftalmóloga de Nashville, Tennessee, es seguir una dieta rica en:
- Verduras de hoja verde (espinacas, kale)
- Frutas ricas en antioxidantes (arándanos, cítricos)
- Pescados ricos en omega-3 (salmón, sardinas)
- Nueces, semillas y aceite de oliva extra virgen
Cuidar lo que comemos no solo se refleja en el cuerpo, sino también en cómo vemos, oímos y pensamos. Una dieta equilibrada es uno de los mejores aliados para una vida larga, activa y consciente.